El terror surreal de H. P. Lovecraft

Sofía
H. P. Lovecraft - Inspiración Volátil Blog

Ya he hablado en varios posts sobre mi amor por el terror, desde criaturas extrañas, leyendas, películas, series y literatura.. ¡todo! Pero siempre la primera persona que se me venía en mente, en cuanto a literatura, era Stephen King, seguido por Edgar Allan Poe. Ya se imaginarán mi reacción cuando un amigo me preguntó si había leído Lovecraft… ¡nunca lo había oído mencionar! Este amigo hace ratos que me lo había recomendado, pero fue hasta el año pasado en diciembre que me compré unos libros de este autor, y no quede nada decepcionada. Eso es poco decir, de hecho durante todo el tiempo que leí sus cuentos (porque sólo cuentos escribió) pensaba:

¿Cómo diablos nunca lo había leído antes?

He leído varios libros de terror de diferentes autores, pero este tipo de terror fue totalmente distinto. Lovecraft hizo que me enamorara nuevamente del que suelo llamar como “terror clásico”, ese tipo de terror totalmente contrario al “gore”, ese tipo de terror que te hace temerle hasta a los escenarios más simples. En pocas palabras, el terror de Lovecraft se me hizo bastante surreal, llegando al punto en el que parecía describir sus propias pesadillas, sus propios sueños. Tal vez por eso me sentí tan identificada con él, por sentir que cualquier cosa puede pasar en cualquier lugar… y cuando menos lo esperamos. Incluso a veces, llega a incorporar elementos de ciencia ficción como otras dimensiones, criaturas alienígenas y viajes en el tiempo.

Para ubicarlos un poco más en el tiempo, Howard Philips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Providence, Rhode Island, Estados Unidos. Nació en una familia bastante distinguida, una de las varias razones por las que no socializó mucho con niños de su edad a medida que iba creciendo. Su madre más que nada, le decía que no debía de jugar con niños de clases inferiores. Así que, ¿qué le quedaba? Entretenerse solo. A parte de haber sido un niño prodigio, fue bastante solitario. Le gustaba mucho leer y aventurarse en la naturaleza. Personalmente, creo que en esos momentos fue donde llegó a desarrollar su gran imaginación, de ahí vino la fuente de inspiración para sus relatos más adelante.

Durante su vida, la obra de Lovecraft pasó casi desapercibida. Él solía mandar varios de sus relatos a la revista Weird Tales, entre otros medios, pero su éxito como escritor sucedió después de su muerte, el 15 de marzo de 1937. Al contrario de Poe, su muerte no fue tan misteriosa: murió de cáncer colorrectal.

Para darles una idea de cómo escribe, les comparto uno de mis cuentos favoritos 😉

Ex oblivione

H.P. Lovecraft

Cuando me llegaron los últimos días, y las feas trivialidades de la vida me hundieron en la locura como esas gotas de agua que el torturador deja caer sin cesar sobre un punto del cuerpo de su víctima, dormir se convirtió para mí en un refugio luminoso. En mis sueños encontré un poco de la belleza que había buscado en vano durante la vida, y pude vagar por viejos jardines y bosques encantados.

Una vez en que el viento era suave y fragante oí la llamada del sur, y navegué interminable y lánguidamente bajo extrañas estrellas.

Otra vez en que caía mansa la lluvia navegué tierra adentro por un río sin sol, hasta que llegué a un mundo de crepúsculo púrpura, emparrados iridiscentes y rosas imperecederas.

Y otra anduve por un valle dorado que conducía a umbríos bosquecillos y ruinas, y terminaba en un enorme muro verde con parras antiguas, y un pequeño acceso con puerta de bronce.

Muchas veces recorrí ese valle; y cada vez me demoraba más en él, en una media luz espectral donde los árboles gigantescos se retorcían grotescamente, y el suelo gris se extendía húmedo de tronco a tronco, dejando al descubierto sillares de templos enterrados. Y siempre la meta de mis quimeras era el muro cubierto de vid y la puerta de bronce.

Algún tiempo después, a medida que los días vigiles se iban haciendo menos soportables por monótonos y grises, vagué a menudo en hipnótica paz por el valle y por los umbríos bosquecillos; y me preguntaba cómo podría adoptar estos parajes como morada eterna, de manera que nunca más tuviese que volver a un mundo insulso y falto de interés y de colores nuevos. Y al mirar la pequeña puerta del muro poderoso, me di cuenta de que al otro lado se extendía una región de ensueño de la que, una vez que se entrara, no habría regreso.

Así que por las noches, en sueños, trataba de encontrar el cerrojo de la cancela del templo cubierto de hiedra, aunque estaba muy oculto. Y me decía que el reino del otro lado del muro no sólo era más duradero, sino también más hermoso y radiante.

Más tarde, una noche, descubrí en la ciudad onírica de Zakarion un papiro amarillento repleto de pensamientos de los sabios que habitaban desde antiguo esa ciudad, y eran demasiado sabios para haber nacido en el mundo vigil. En él había escritas muchas cosas sobre el mundo de los sueños, entre ellas el saber sobre un valle dorado y un bosquecillo sagrado con templos, y un gran muro con una abertura cerrada por una pequeña puerta de bronce. Cuando fui consciente de esto, comprendí que se refería a los escenarios que había frecuentado; así que me enfrasqué en la lectura del papiro amarillento.

Algunos de estos sabios soñados hablaban con deslumbramiento de las maravillas del otro lado de la puerta sin retorno, si bien otros lo hacían con horror y decepción. No sabía qué creer; aunque anhelaba cada vez más entrar definitivamente en el país desconocido; porque la duda y el misterio son el más irresistible de los señuelos, y ningún nuevo horror puede ser más terrible que la tortura diaria de la vulgaridad. Así que cuando supe de una droga que abría la cancela y permitía cruzar adentro, decidí tomarla tan pronto despertase.

Anoche la tomé y, en su sueño, recorrí flotando el valle y los bosquecillos umbríos; y al llegar esta vez al muro antiguo, vi que la pequeña puerta de bronce estaba entornada. Del otro lado llegaba un resplandor que iluminaba espectralmente los árboles gigantescos y seguí desplazándome musicalmente, expectante de las glorias del país del que nunca volvería .

Pero en cuanto la puerta se abrió más, y el embrujo de la droga y el sueño me empujaron por ella, supe que todas las glorias y visiones habían terminado; porque en ese nuevo reino no había ni tierra ni mar, sino sólo el blanco vacío del espacio ilimitado y desierto. Así, más dichoso de lo que nunca había osado esperar, me disolví nuevamente en esa infinitud original de olvido cristalino de la que el demonio Vida me había sacado por una hora breve y desolada.

FIN

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